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Mi problema con el PRI

Por: Javier Millán Gómez
La intención de buscar la presidencia de la república se hizo evidente en José Antonio Meade, los priistas se encargaron de difundirlo en redes sociales. El estandarte que varios de sus simpatizantes colgaron en la internet  lleva a un hombre intachable, una alternativa sorpresiva sin tanta carga mediática; un hombre que “No tiene cadáveres en el closet” tal cual declaró el mismo Meade unos días después de su “destape”.
No sé si sea la mejor opción, pero (como siempre) me preocupa que sea priista. Es decir responde necesariamente a la visión de un grupo y a los intereses de los mismos.

Mi problema con el PRI no radica sustancialmente en los seres humanos que lo integran, mi problema con el partido tricolor está en su funcionalidad constante que transforma a los individuos allegados a él, casi  como una entidad omnisciente y autónoma, consigue que sus simpatizantes desvanezcan  su sentido auto crítico, son incapaces de señalarse a sí mismos como responsables, utilizan el discurso del miedo para bloquear todo intento de la oposición para llegar al poder. Un video que circula en Facebook, difundido por priistas, describe a Meade como “La resistencia a AMLO”, como si de lo que tuviéramos que resistir es de la oposición, en sus discursos el PRI no acepta sugerencias de la oposición, sus representantes en el Congreso le gritan “Puto” a un diputado de Morena, está prohibido escuchar a la diferencia.

Alfredo del Mazo, actual gobernador del Estado de México, mencionaba en campaña que se debía mejorar lo que estaba bien, mencionaba a las becas y los tratamientos contra el cáncer; de forma ambigua hablaba de mejorar, pero no describía, no puntualizaba, porque quizá no tenía idea de cómo mejorar lo que aparentemente “estaba bien”.

La simulación es la constante en el actuar del PRI, y sus partidarios son engranes; es decir las cosas se hacen independientemente de que funcionen o sean necesarias, un hospital de la salud visual se construye en Naucalpan, sin ni  siquiera averiguar si es fundamental su funcionamiento, no se toman en cuenta estudios epidemiológicos para determinar la importancia de invertir en un hospital especializado, sólo se hace porque lo percibe la opinión pública a través de la vista, y para ellos sólo es real lo que se percibe con los sentidos, porque es rentable políticamente. “El hombre pasa, la obra queda” diría uno de los priistas más emblemáticos de su historia, Adolfo López Mateos.  Pero la obra de los priistas es innecesaria, mal gastada, se re pavimentan constantemente los mismos caminos, para que los mexicanos que no tienen memoria declaren: “Se está haciendo algo”. Se atienden las demandas del mercado, se culpa al comprador, pero no se responsabiliza el vendedor.

Los priistas que alguna vez criticaron a un miembro de su partido, ahora lo adoran, lo reconocen, aceptan una postura de genuflexión. Alfredo del Mazo ya no es el personaje insípido de semblante delicado, ahora es NUESTRO gobernador. Sigmund Freud tenía razón, en los grupos; existe un enamoramiento por el líder, tal cual ocurre en las parejas, el líder es desprovisto de errores, es perfecto y sin él, el grupo pierde su sentido de existencia.

Ahora José Antonio Meade, plantea “consolidar los cambios” realizados durante la gestión de Peña Nieto, ofrece también continuidad y combate frontal a la corrupción.

Podrá Meade ser un candidato diferente, pero obedece a las lógicas del PRI, no cuestiona lo hecho por el presidente de la república que pertenece a su partido. Al contrario, le resulta suficiente y su discurso estará orientado a la continuidad, estará deshumanizado, no expondrá sus temores ni sus miedos, no se asumirá incapaz, ni pedirá ayuda a alguien ajeno a su partido, estará enmascarado en las formas y protocolos, sus mensajes carecerán de sustancia y trascendencia.

Y de algo estoy seguro, su lógica constante frente a los medios de comunicación responsabilizará a los ciudadanos, señalará a otros como culpables antes que a sí mismo. Porque el gobierno no puede resolver todos los problemas, pero también no hablará  nunca sobre los que ha generado. 


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